jueves, 24 de mayo de 2012

Quien persigue la verdad...

Aurora seguía sintiendo aquel hormigueo en el estómago cuando miraba a Pedro. Siempre le había encantado su pelo rubio cenizo, corto y ondulado, cuando se lo engominaba hacia atrás. Disfrutaba observándole cada mañana después del desayuno, tumbada en la cama, cuando se lavaba los dientes en el baño antes de ir a trabajar. Aunque, últimamente, había algo que la desconcertaba. Desde hacía un tiempo, la actitud de su marido había cambiado... 





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jueves, 10 de mayo de 2012

La golondrina Güi

–Drina, te lo prometo. ¡Era mil veces mas grande que tú y yo juntos! –la golondrina Golo gritaba a su hermana y hacía  aspavientos con las alas por todo el tejado, porque ella no le creía.
–Sí, ya. Como aquel día que me prometiste haber encontrado un nido repleto de luciérnagas –le contestó ella de mala gana, dándole la espalda mientras observaba, desde lo alto del edificio, si las personas que cruzaban por la calle dejaban caer algo de comida.
–Esta vez es verdad. ¡He hablado con él!
–¡Mientes! –le espetó Drina, con los ojos muy abiertos.
–Me ha dicho que viene del sur, pero de muy del sur –enfatizó la palabra “muy” y señaló, erróneamente, con la puntita de su ala negra y blanca hacia donde el Sol se iba ocultando en el horizonte.
–¿Qué más te ha dicho? –preguntó ella, muy bajito. Se acercó a su hermano, con interés por escuchar lo que tenía que contar. El pico le temblaba por el miedo.
–¡Que se llama Güi!–respondió él y dio un saltito en el aire, sonriendo divertido ante la mirada patidifusa de su hermana pequeña.
–A lo mejor es francés –dedujo ella, rápido, asintiendo con la cabeza.
–No, no, no. Es del sur, de muy del sur –insistió él y volvió a guiar la mirada de su hermana hacia el sol del atardecer.
–¡Vamos a decirle a papá y mamá que nos lleven a verle! –sugirió ella. Los dos hermanos se lanzaron al vacío y volaron apresurados entre la gente, esquivando los naranjos plantados en la calle, hasta que llegaron a su nido, donde los padres les esperaban para cenar, con la mesa repleta de insectos sabrosos.
–¡Papá, Golo ha conocido a una golondrina que es mil veces más grande que todos nosotros juntos, se llama Güi y viene del sur! –le gritó su hija, exaltada por la emoción.
–¡Pero de muy del sur! –recalcó Golo, desplegando sus alas hacia ambos extremos.
–¿Podemos ir a verle? ¡Por favor! –preguntaron los dos al unísono. Los padres estaban acostumbrados a las historias fantásticas de su hijo, pero un paseo en familia después de comer les vendría bien para bajar la cena, aunque supieran que el tal Güi no existía.
Antes de que el sol se ocultara por completo y diera paso a la oscuridad de la noche, toda la familia fue a buscar a la golondrina Güi. Para el asombro de los padres y Drina, vivía en una urbanización muy lujosa, rodeado de nieve y con otras golondrinas que, como él, eran enormes. Güi vestía traje negro y blanco, como ellos. Su pico y ojos también eran negros, pero a diferencia de Drina, Golo y sus padres, Güi pesaba más de veinte kilos. Las plumitas de la nuca de Drina se erizaron por el frío y el temor de ver a aquellas gigantescas golondrinas. El padre, estupefacto ante aquella imagen, le dijo a sus hijos a modo de reprimenda:
–¿Veis lo que pasa si os coméis todo lo que os echan los humanos?





domingo, 6 de mayo de 2012

Esperanzas de morir

Faltaba poco para la llegada del invierno, pero ese jueves el cielo amaneció cálido y despejado. Siempre que el sol se dejaba ver reluciente en la bóveda celeste, Brigitte se preparaba para su cita. A través de las ventanas de su dormitorio, podía ver cómo los rayos bañaban los jardines de la urbanización.
Sus viejos y delgados brazos ya no la dejaban peinarse sola. Lucía una corta melena lisa que se había vuelto grisácea con la edad. Kenza, la doncella marroquí que llevaba desde niña trabajando para ella, la ayudaba a acicalarse al despertar...





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jueves, 3 de mayo de 2012

Las líneas de mi mano

La lluvia salpica el cristal de la enorme ventana de aluminio que queda pegada junto a mi pupitre, en la última fila del aula. Hace una mañana invernal fuera de la clase. Aún tengo los dedos entumecidos por el aire frío que me ha golpeado mientras esperaba al autobús en la esquina de mi casa, que, como siempre en días como este, se ha retrasado por el tráfico que ocasiona la lluvia...





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domingo, 29 de abril de 2012

Mi veterinaria

La dueña de la clínica veterinaria de al lado de mi casa tiene unos cincuenta años y siempre está de mal humor. Cada vez que voy por allí, no hay día que no la oiga quejarse de algo. O se ha peleado con su marido, Alfredo, porque siempre deja el lavabo perdido después de afeitarse, o con su madre, Concha, porque cada vez que la visita le recuerda el error tan grande que cometió casándose con "Aldedo", como ella lo llama mientras hace el gesto de levantar el puño cerrado hacia arriba con el dedo corazón erguido como un palo, o simplemente está de mal humor porque ese día había lavado el coche por la mañana y al cielo le dio por llover...





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jueves, 26 de abril de 2012

El sentido de la vida


A menudo me pregunto consternada por qué el ser humano es una especie tan ambiciosa y egocéntrica. Desde tiempos inmemoriales, hemos provocado guerras, sangre y destrucción a nuestro paso. No hay día que el periódico no me recuerde el mundo caótico en el que vivo. Somos como la octava plaga de Egipto, miles de millones de langostas que van de un lugar a otro agotando cada recurso que encontramos, devastándolo todo.
¿De verdad sería tan complicado vivir en un mundo donde existiera el respeto, la tolerancia, la compasión o el altruismo y que nuestro único mal fuera el pasar a mejor vida, una vez la hubiésemos vivido plenamente?
A veces tengo una extraña e inexplicable sensación de haber nacido antes de tiempo. Como si me correspondiera haberlo hecho dentro de algunas generaciones, pero por algún error garrafal de la Naturaleza o de la coincidencia, me hubiese adelantado a los acontecimientos. Me gusta soñar y lo hago a menudo antes de ir a dormir. Me pregunto cómo será el mundo, mi mundo, dentro de miles años, antes de que muera el Sol. Me gustaría viajar a través del tiempo y comprobar si miles de años de historia y acontecimientos conseguirán unirnos en una única cultura e idioma. Quisiera viajar por el universo y buscar respuestas. Explorar otros planetas, otras galaxias y entender por qué estamos aquí.
Me miro en el espejo, mi rostro, mis facciones y siento que mi pensamiento, mi esencia, mi alma habita un cuerpo que no es el mío. Quizá no me haya adelantado unas cuantas generaciones. Quizá no haya nacido antes de tiempo. Quizá mi energía, mi espíritu, mi corazón provengan de otra parte, de algún rincón remoto fuera de este Sistema Solar.
Deberíamos culpar a la Naturaleza. Es Ella quien nos ha engendrado de este modo. Es Ella quien se ha equivocado. Somos como cualquier otra especie de la Tierra. Colonizamos brutalmente, luchamos codiciosos por el poder, por ser el más fuerte, el más acaudalado, queremos que nuestro nombre se vuelva inmortal a lo largo de los tiempos, que nuestra genética prevalezca por encima de las demás. Aunque quizá, la Naturaleza nos concedió el raciocinio para controlar nuestros impulsos más salvajes y primitivos, solo que aún no hemos aprendido a usarlo y la culpamos a ella para exculparnos a nosotros mismos de nuestros actos.
Siento que se me escapa el tiempo entre los dedos y por mucho que los apriete no consigo detenerlo. Odio lamentarme, pero lamento no haber escogido mejor los caminos que he recorrido en mi vida. ¿Y si pudiese volar ? Giraría en sentido contrario a la rotación de la Tierra y haría que el tiempo retrocediera. Cambiaría tantas cosas. Pero quizá esos cambios, podrían desviarme del camino que estoy recorriendo ahora y que sí quiero vivir. Quizá estoy aquí hoy, frente a mi ordenador,  por las circunstancias vividas y si las cambiara tan solo un ápice, ya nada sería igual. Mi universo cambiaría.  Pero ¿y si mi mentalidad egoísta me dejase ver que en realidad mi universo no es el único y que existen otros paralelos a él? Habría un número infinito de mi misma en cada uno de esos universos y cada yo tomaría un camino, dando lugar a infinitas posibilidades. En un universo sería una afamada escritora, en otro me habría quedado a vivir en el extranjero con aquél atractivo danés de ojos verdes que me invitó a salir o en otro podría ya haber pasado a mejor vida tras el accidente de moto de aquella noche de verano.
Probablemente, seamos la primera civilización del universo y de nosotros dependa la educación de muchas otras que están por venir o quizá es nuestro espíritu egoísta, ambicioso y egocéntrico el que nos hace pensar que somos los únicos, y realmente tan solo seamos las mascotas de otra civilización muy superior que nos tienen encerrados en un terrario al que nosotros llamamos Tierra y como hormigas colonizamos, luchamos y derramamos sangre en nuestro enorme hormiguero mientras ellos nos observan antes de irse a dormir.
Aparentemente, la vida es una serie de coincidencias y casualidades. ¿Por qué estoy ahora aquí y no en otro lugar? ¿Realmente es una coincidencia que haya decidido escribir hoy o está en mi mano decidir que las casualidades no existen y  que soy yo misma la que toma las riendas de mi vida? Quizá en otro universo paralelo aún no haya nacido y cuando lo haga me convierta en una física teórica y pueda demostrar esta teoría, o, a lo mejor, en unas cuantas generaciones, nazca la niña que ha ocupado mi lugar y encuentre el sentido de la vida.